marzo 19, 2011 0

Adiós al Chillida-Leku

By in Bizarradas, Cine, Cultura, Proyectos personales

Como muchos ya sabréis cierran definitivamente el Chillida-Leku. La familia del escultor y la administración vasca no consiguen llegar a un acuerdo sobre el uso designado para el museo. Nos quedamos todos sin poder ver las maravillosas esculturas de Eduardo Chillida. Nos quedará siempre el Peine de los Vientos pero, para los que hemos tenido la suerte de tumbarnos al sol en el césped de su museo, nos queda el sabor amargo de que lo que se pierde es algo importante. El museo se quedará como colección privada del escultor y sólo podrán acceder estudiosos duchos en la materia. Sinceramente, no sé si esto le gustaría mucho a Chillida aunque ya poco le importe.

Este verano tuve, por lo visto, la maravillosa suerte de tocar y oler sus esculturas, de leer sus pensamientos y de tumbarme o apoyarme sobre su hierro trabajado. ¡Me pareció increíble! Un museo en el que se pueden tocar las cosas y abrazar el hierro de un soñador. Pude ver sus obras concebidas, las soñadas, las acariciadas y las maduradas. Pude observar el asombroso abismo que separa una obra realizada en hierro, a otra de piedra, madera o alabastro. Lo que realmente me admiró de sus esculturas fue esa sutil manera de vaciar el material puro añadiéndole conocimiento. Formas increíbles, materiales extraños, brillos infundados e imaginación gratificante al alcance de todo el mundo.

Chillida dijo en más de una ocasión que tenía problemas con la enseñanza. Comentó que creía que valía más el deseo de saber de un ignorante para la ciencia, que el que sabe transmitir al que no sabe. Quizás opinaba esto porque en sus manos ya había mucha sabiduría. Esas manos que tanto le habían marcado y obsesionado, que tanto dibujaba y observaba. Creo que es como cuando intentas estudiar música y sólo aprendes solfeo, autores clásicos o ritmos barrocos. Necesitas nutrirte de los clásicos, pero también crear y relacionarte con tu época, vivir el presente y no sólo el pasado o el futuro. Vivir el espacio y sus constantes vaivenes así como su asimetría temporal o la fatuidad de lo preconcebido para romperlo.

Me queda, en mi miserable mente, un sabor amargo de lo que tengo preconcebido durante años sobre el arte y las subvenciones. Me da miedo que se subvencione el arte porque cuando el dinero entra a formar parte de éste, empieza a ser un problema desarrollarlo. En el audiovisual nos pasa con los idiomas o la temática. Me he dedicado a contar frases, en proyectos bilingües, para conseguir una subvención. ¡Perfecto! Podemos conseguir esta subvención si hay un 40% de expresiones típicas en catalán, o en castellano, o en inglés, o en alemán, o en francés. Da igual, el idioma que sea, la nacionalidad que sea. “¡Genial! Tenemos 35 minutos de alemán ahora ya podemos ir a su gobierno y pedirle que nos lo subvencione”. Pero a ver un momento ¡Estas cosas me dan miedo!

Lo que me plantea este asunto es lo siguiente: ¿Qué pasa si no se consiguen esas subvenciones? ¿Saldrían los proyectos adelante? ¿Habrá algún loco enamorado que se deje la piel hoy en día para conseguir llevar proyectos artísticos a la luz pública? Seguro, y muchos, pero no los suficientes. La triste realidad de nuestro panorama cultural es que estamos ligados al dinero para poder conseguir cualquier cosa en esta vida. Si eres escultor necesitas materia prima carísima, si eres cineasta necesitas materiales técnicos carísimos, si eres escritor necesitas una paciencia abundantemente carísima, si eres… podría seguir pero creo que ya me voy explicando.

Todo este planteamiento se me ha pasado por la cabeza con el tema Chillida-Leku. Posiblemente, si Eduardo Chillida viviese hoy en día, cerraba su museo y santaspascuas con la Administración, de todos es sabido que tampoco les bailaba mucho el agua. Pero Chillida ya no está y sólo podemos conocer una millonésima parte de su universo. Ese universo que englobaba el Chillida-Leku y que ahora nos deja huérfanos de aprendizaje y de observación. Yo sólo pido una cosa: “¡Señores de la Administración! Las subvenciones tendrían que ser sin barreras, libres, sin más intención alguna que la difusión de pensamientos disparejos, sin ideas preconcebidas y sin árbitros parciales, pero sobretodo respetando la obra del artista”.

Para los que no hayáis visto nunca el Chillida-Leku os dejo unas fotos de este verano desde un punto de vista peculiar. Si queréis fotos bonitas podéis iros a Google Images y buscar, sois libres amigos. Para los que queráis leer un poco más acerca de Chillida y de su manera de pensar os contaré un hecho curioso en su vida. Allá por 1983 lo nombraron Doctor Honoris Causa en la Academia de Bellas Artes y tardó 13 años en escribir su discurso de investidura, con lo cual estuvo 13 años sin ser galardonado con el premio. No se le ocurría qué escribir, porque no quería afirmar sobre su creación, hasta que decidió escribir preguntando. Ahí va todo un poco mezclado.

Discurso de investidura de Eduardo Chillida como Doctor Honoris Causa el 22 de Marzo de 1996

¿Cómo es posible que nuestra vida, formada por sucesivos presentes que no tienen dimensión, pueda durar veinte, cuarenta u ochenta años? ¿Qué clase de tiempo conduce a esa duración? ¿No es la geometría únicamente coherente cuando el punto no tiene medida? Este punto, para que todo funcione, necesita no tener medida y sin embargo ocupar un lugar. ¿Se puede ocupar un lugar sin tener medida? Únicamente en la mente esto es posible. ¿Existe algo sin medida en el Universo? ¿Es la medida condición necesaria para formar parte del Universo? ¿Es el presente sin medida parte del Universo? Si el presente tuviera medida ¿no estarían disociados por ella el pasado y el futuro? ¿Qué sería de la vida, de la palabra y de la música? ¿No es la no dimensión del presente lo que hace posible la vida, como la no dimensión del punto hace posible la geometría? ¿Existen límites para el espíritu? Gracias al espacio existen límites en el Universo físico y yo puedo ser escultor.

¿Qué clase de espacio hace posibles los límites en el mundo del espíritu? ¿No son la construcción y la poesía componentes esenciales de todas las artes? Al alba conocí la obra. Puede ser de mil maneras, pero sólo de una. ¿No es el camino el que, desde la libertad, nos conduce a la percepción? ¿No es el arte algo que le ocurre al hombre ante sí mismo y ante un testigo implacable: la obra? ¿No es entre el ya no y el todavía no donde fuimos colocados? ¿No será el arte consecuencia de una necesidad, hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer? ¿No será esta necesidad prueba de que el hombre no se considera terminado? ¿No será el paso decisivo para un artista el estar con frecuencia desorientado?

El diálogo limpio y neto que se produce entre la materia y el espacio, la maravilla de ese diálogo en el límite, creo que, en una parte importante, se debe a que el espacio, o es una materia muy rápida, o bien la materia es un espacio muy lento. ¿No será el límite una frontera, no sólo entre densidades, sino también entre velocidades? ¿No será la densidad, en todo su esplendor, necesaria para tratar de comunicar, de entender, de oír el espacio? ¿No se hace el agua viva rebelándose contra la horizontal al mismo tiempo buscándola? ¿Cuál es la diferencia fundamental entre ciencia y arte? Copérnico demuestra que Ptolomeo estaba equivocado. Einstein hace lo propio con Galileo. Lo que yo me pregunto desde el arte es lo siguiente: ¿Por qué Goya con su obra no demuestra ni necesita demostrar que Velázquez estaba equivocado? ¿Por qué Mozart compone la mayor parte de su música con movimientos rápidos? ¿No será que intuye que no tiene tiempo, que por desgracia no caben en su obra demasiados adagios? Sólo una de las tres dimensiones es activa, la que viene a mí desde lo lejano a través de lo próximo, pero las tres lo son en potencia alternando su actividad.

La escultura debe siempre dar la cara, esta atenta a todo lo que alrededor de ella se mueve y la hace viva. Se ve bien teniendo el ojo lleno de lo que se mira. ¿Por qué la experiencia se orienta hacia el conocimiento y la percepción hacia el conocer? Desde el espacio con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro sobre lo que no sé. Los ojos para mirar. Los ojos para reír. Los ojos para llorar ¿Valdrán también para ver? ¿No es lo único estable, la persistencia de la inestabilidad? ¿No es tan vanguardia el crepúsculo como la aurora?

Juan Sebastián Bach. Saludo. Moderno como las olas, antiguo como la mar, siempre nunca diferente, pero nunca siempre igual. En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo. ¿Qué hay detrás de la mar y de mi mirarla? ¿Qué hay detrás de la mar y de mi oírla? No vi el viento, vi moverse las nubes. No vi el tiempo, vi caerse las hojas. No se debe de olvidar que el futuro y el pasado son contemporáneos. Yo no entiendo casi nada y me muevo torpemente, pero el espacio es hermoso, silencioso, perfecto. Yo no entiendo casi nada, pero comparto el azul, el amarillo y el viento. De la muerte, la razón me dice: Definitiva. De la razón, la razón me dice: Limitada. ¿No es el límite el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el protagonista del tiempo? Yo no represento, pregunto.

Creo que el ángulo de 90º admite con dificultad el diálogo con otros ángulos, sólo dialoga con ángulos rectos. Por el contrario los ángulos entre los 88º y 93º son más tolerantes, y su uso enriquece el diálogo espacial. ¿No son por otra parte los 90º una simplificación de algo muy serio y muy vivo, nuestra propia verticalidad? La tarde avanza lentamente, y yo mirando quiero ver.

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