mayo 21, 2011 2

Impresiones de una buena indignación

By in Proyectos personales

Hoy nos vamos a indignar reflexionando:

Ayer mirando al vacío en Plaza Catalunya pensaba en varias cosas. Aunque a algunos les parezca desproporcionado lo que voy a escribir a continuación quiero dejar claro, ante todo, que es simplemente un recordatorio personal, no quiero que sea una comparación con épocas ya vividas. Es simplemente la manera de recordarme por qué me parece necesario todo esto de  la #acampada y la #spanishrevolution. Hoy me ha dado por reflexionar, la ley me obliga, no me queda otra.

Teniendo como madre una profesora de historia y geografía siempre tiene uno la sensación de ser un inculto impresionante, espero que me lo perdonen. Mi madre, la quinta que estudió con Salvador Puig Antich, los que salieron a la calle y los que se buscaron la vida para poder hacer algo importante por su futuro, tiene memoria histórica. Mi madre y su quinta forman parte de esa generación, democrática hasta la médula, que siempre que les criticabas el sistema democrático te decía “hay que votar”. Pues bien, nosotros somos parte de esa generación que, en un determinado momento de la historia, hemos perdido la pasión por las urnas.

Quizás todo el idealismo que traía consigo la generación de los setenta se rompió cuando empezaron a salir a la luz todos los resquicios caciquiles de corrupción y ruptura con los principios en los ochenta, los noventa y el siglo XXI. Quizás, la mía, es una generación con mala suerte por haber tenido que vivir esa ola gigantesca de pérdida de los cimientos que nos unen como sociedad. Yo viví desde pequeña esas mágicas noches electorales en los que era importante saber qué pasaba en el país. Igual no tenía uso de razón para enterarme suficientemente de lo que pasaba a mi alrededor, pero sí recuerdo esas largas sobremesas de familiares hablando de política, de formas de hacer las cosas y de discusiones acaloradas sobre cómo dirigir el país. Una familia muy politiquera, sí.

Ayer estuve en #acampadabcn, y aunque no me pude enterar de nada de lo que se comentaba en la asamblea porque éramos muchos y no cabíamos, he leído esta mañana que se hablaba de conseguir para las Generales que el voto en blanco cuente como un diputado menos (es decir, una butaca vacía en el Congreso). Bien, se puede probar todo en democracia (o eso se intenta), pero esto me recuerda mucho a las elecciones de 1989. Ese año el PSOE conseguía revalidar por tercera vez consecutiva su mandato como partido mayoritario y se quedaba a tan sólo un escaño de conseguir la mayoría absoluta (dos conceptos que me asustan desde pequeña). Bueno, pues ese año Herri Batasuna no se presentó en toda la legislatura y el PSOE pudo conseguir su casi mayoría absoluta, ya que tenía más de la mitad de los diputados de la cámara. Primera reflexión: No sirve de nada votar en blanco, y sirve de mucho menos que haya menos diputados en el Congreso. Segunda reflexión: Si nosotros nos dejamos representar por personas con cuerpo y cabeza conseguiremos más que con un escaño vacío en el Congreso, por lo menos, pondrá las cosas más difíciles. Tercera reflexión (me he animado tu): Si nosotros les pagamos para que representen nuestros derechos y obligaciones ¿Qué puñetera gracia tiene que no se presenten a hacer su trabajo como todos? Cuarta reflexión: Hay que ejercer el voto múltiple (creo que este concepto no existe, pero para el caso me vengo a referir al contrario al voto útil). Quinta reflexión: Todavía no he encontrado a nadie que me pueda representar y eso me descontenta y me hiere.

Reenganchándome a la memoria histórica de mi infancia recuerdo como mi madre y mi tía Tere siempre discutían sobre política. Ellas eran extremos completamente diferentes a la hora de enfocar una situación determinada. Yo viví desde el inicio cómo se iba polarizando la situación política del país en dos partidos principales. Tengo la impresión de que cuando era pequeña los mayores tenían la sensación de haber estado luchando para mejorar el futuro político de su país, pero que a medida que pasaban los años ellos también se iban desencantando con lo que habían conseguido, pese a decirte constantemente que “hay que votar”. Esta situación se le ha transmitido a la generación #, como decía el otro día no sé qué periódico.

He vivido la decadencia de la democracia, y me conformé, como toda mi generación. Siempre he votado pero nunca convencida. Me encuentro en el mismo punto de partida y me apena que esto pase, pero no nos queda otra más que vivir el momento. Es posible, como dicen algunos, que esto no sirva para nada. Igual somos demasiado pocos, pero igual de aquí a las generales hemos podido gestar algo más sólido a base del esfuerzo de darnos cabezazos. Es posible también que mañana se acabe todo o que por el contrario se reúna más gente. No puedo describir el momento que se vive, porque como todo en la historia, necesita su tiempo para ser masticado.

Ayer, mientras le daba a la cacerola último modelo sonido campana de iglesia, me acordaba de varios personajes. Me acordaba de Salvador Puig Antich, que por muy poco no pudo vivir la democracia, desencantarse con ella, conformarse, tener una familia y llegar a este punto para saber su opinión al respecto. Hablo de Puig Antich porque es un referente en nuestra memoria pero pido la opinión, siempre bienvenida, de todos los que sois de la quinta de esa generación que salió a la calle a petarse el franquismo. ¡Joder, tanta lucha para esto! Hablo de los exiliados, de los que se jugaron el pellejo como mi tío Miguel, de los que creían por una vida mejor y se tuvieron que esperar veinte o treinta años para poder verlo.  Tengo algo que me pesa en la espalda y me tira para atrás con fuerza, y no, no son las contracturas.

Igual no estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice en las acampadas, pero estoy mucho menos de acuerdo con que se me meen continuamente en la cara (cuando te toca la zona del lagrimal te escuece y no te lo puedes quitar).  Ayer creo que había muchos sentimientos afines dentro de Plaza Catalunya, en La Puerta del Sol, en Jaén, en Granada, etc. Como dice una colega “no hay revolución sin poesía y ayer en la Plaza había mucha poesía”.

Igual soy un poco idealista, y es difícil serlo en los tiempos que corren, pero creo que hay que vivir el momento y que si no sale bien hay que volverlo a intentar, y volverlo a intentar, y volverlo a intentar, y volverlo a intentar… Se me quedan muchas cosas en el tintero, no pretendía hacer una reflexión profunda de la situación político-social del país, simplemente compartir una parte de todo lo que me ronda por la cabeza. Si puedo, mañana más, hoy creo que ya me he extendido un poco.  Sexta reflexión: no votar en blanco, no votar nulo. Séptima reflexión: por mucho que reflexione no voy a saber a quién votar con determinación mañana, aunque ya tenga mi voto. Octava reflexión: La ley me obliga a decir que no me voy de acampada, que me voy a pasearme por Plaza Catalunya, a ver si me encuentro a alguien y empezamos un debate, así como por de casualidad.

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2 Responses to “Impresiones de una buena indignación”

  1. Ari gracias por cumplir con la ley y compartir tus reflexiones. Gracias también por compartir “Sin poesía no hay revolución”. Grata sorpresa al encontrarme entre tus palabras. Te sigo y seguimos en las calles.

  2. aRi dice:

    Sólo tengo palabras bonitas para ti ;-) . yo también te sigo y nos seguimos en la calle, es difícil encontrarse con tanta gente. Una aferrada!

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